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Y llegó el año nuevo! Por estos lados, el cruce del umbral al 2022 fue tranquilo y descansado; buscando remanzos de paz de las locuras, incertezas y sorpresas del 2021. Pareciera que después de tanto frenesí, descansar es en sí mismo un tipo de celebración (y como saben el tema del descanso y el ocio son recurrentes fascinaciones mías). Quizás por lo mismo no había mucha energía para hacer listas de intenciones o resoluciones de año nuevo. Aún asi, es interesante pensar en otras formas de entrar de lleno a esta nueva revolución solar, sin la presión/optimización inherentes a una «lista de cosas por hacer».

Por ejemplo, el año pasado comencé una nueva tradición de escribir una carta a mi «yo» del futuro; así, este año tengo una carta de Victoria de principios del 2021 (con todas mis expectativas, miedos y consejos para el año pasado) y me toca ahora escribir una para la Victoria de principios del 2023. Otras ideas: una lista que en vez de «cosas que hacer» sea una lista de cosas de las que queremos más (más hamburguesas vegetarianas deliciosas; más exposiciones de arte) o menos (menos uso de Instagram; menos tiempo dentro de un auto). O: vivir un «enero análogo», y redescubrir en esas semanas qué redes sociales son trabajo, cuales son “doomscrolling”, y cuales realmente traen gozo. ¿Tienen otras? Les escucho en los comentarios. Y ahora, a lo que nos convoca:

uno/ sobre las cinco «familias» que controlan el Transantiago; un dato importante, porque como dicen por ahí un país «desarrollado» no es un lugar donde los de menos recursos tienen autos, sino que donde los de más recursos usan el transporte público. Un ejemplo: la maravilla de urbanismo que es la ciudad de Tokyo.

dos/ el científico que predijo el cambio climático en los 60; y el verano excepcional que nos asustó.

tres/ el nuevo manifiesto de Superflux; y el nuevo libro y documental sobre Sergio Larraín.

cuatro/ el último artículo del año de Fernanda Ramírez, sobre una excepcional performance de María Olga Delos.

cinco/ un perfil de Hemingway.

seis/ sobre escribir, ensayos, y redes sociales.

siete/ cosas hermosas: ciclo-buses para niñes en los Países Bajos.

ocho/ cosas para leer: «Ongoingness», de Sarah Manguso, sobre maternidad y diarios de vida; y «Escritoras latinoamericanas. De la mímica subversiva a los discursos contestatarios» de Lucía Guerra. Para ver: volvió con una nueva temporada mi querida serie «Queer eye for straight guy», que tan bien mezcla lo ligero con lo importante.

nueve/ QEPD el arzobispo Desmond Tutu; me encanta este video de él riendo con el Dalai Lama y también el libro que escribieron juntos, The Book of Joy. También el biólogo E.O. Wilson, que dijo: “Modern humanity is distinguished by paleolithic emotions, medieval institutions… and god-like technology.”

diez/ qué hacer con tus emociones.

Gracias a todes por leer. Esta newsletter es gratis pero no barata. Para apoyar, compártela con alguien que conozcas, o suscríbete (el botón está al pie de la página) para empezar este año de la mejor manera. Y como siempre, un poema nunca está de más:

Del amor de Chile, del amor de todas las
cosas que de norte a sur, de este
a oeste se abren y hablan
Los torrentes y los nevados que se tocan
y hablan amándose porque en este mundo
todas las cosas hablan de amor;
las piedras con las piedras y los pastos
con los pastos
Porque así se aman las cosas, las playas,
los desiertos, las cordilleras, los
bosques de más al sur, los glaciares y
todas las aguas que se abren tocándose
Para que tú las veas se abren
Sólo para que tú lo escuches Chile se
levanta
Sólo para que tú y yo no miremos
por todo el horizonte, si mira :

se levantan.

Raúl Zurita, «Del amor de Chile».

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